08 diciembre 2008

Domingo II de Navidad (B)

Todos somos conscientes que la Palabra es lo más personal que tenemos; a través de ella nos comunicamos y gracias a ella podemos entablar una conversación, un diálogo y una amistad...

Cuando falta la palabra, como la vista o cualquier otra facultad humana, sentimos que falta algo esencial y muy importante de todos nosotros...

Así se debió sentir San Juan, cuando años después de la muerte y resurreción de Jesús escribe: "La Palabra vino al mundo y los suyos no la recibieron..."

Alguien tan esencial e importante era olvidado y menospreciado.

San Juan llegó a decir que Dios es Amor, y sin embargo el mundo no supo responder a ese Amor y le devolvió mal por bien, ingratitud por generosidad, indiferencia por atención...

Ése fue el mundo que vivió S. Juan y que vivimos también nosotros. Hoy no es que no se crea en Dios, no es que no se escuche a Dios, no es que no se vea a Dios...

Sino algo peor... Hoy es que "se pasa" de Dios...
LA INDIFERENCIA.

Y antes esto la Escritura nos dice que "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros..."

Dios se vale hoy de nosotros para llegar al Mundo... Hemos de "encarnarnos en el mundo", hemos de "acampar en él"...

Ser cristiano no es huir de la sociedad, sino encarnarse en ella...

Ser espiritual no es apartarse del mundo, sino afrontar la vida con el Espíritu de Dios ... (VATICANO II).

Que no se hagan realidad las palabras de S. Francisco: "EL AMOR NO ES AMADO"

A través de nosotros " EL AMOR SERÁ AMADO "… Feliz Domingo…

Domingo de la Sagrada Familia (B)

Si por algo se caracterizan estos días de Navidad es porque son días de vivencia familiar y precisamente hoy se nos invita a contemplar, valorar, revisar y profundizar en esta realidad que todos vivimos: LA FAMILIA.

Y es que, es en la familia donde el ser humano aprende a hacerse persona, es en la familia donde aprendemos a querer, a perdonar, a comunicar, a compartir y aceptar ser queridos no por lo que tenemos sino por lo que somos...

Es en la familia donde aprendemos a amar gratuitamente, por eso Dios bendice el matrimonio como sacramento y como el mejor signo del amor de Dios a la humanidad.

Todo esto es perfecto, y es el ideal, pero no podemos olvidar que aquella familia " ideal " de Nazaret también tuvo problemas... Y es que la felicidad sin problemas es una felicidad no conquistada, sino regalada y olvidamos que la felicidad es fruto del esfuerzo y de la lucha de cada día por ir superando dificultades...

La familia de hoy tiene problemas:

+ INTERNOS ( incomunicación, falta de confianza, falta de respeto...)

+ EXTERNOS (ambiente egoísta, indiferencia, comodidad, querer vivir en un status imposible de alcanzar...)

Se olvida que el problema de la familia no está en el " problema en sí " sino en el verdadero amor que supera toda dificultad...

"
En lo bueno y en lo malo... en la salud y en la enfermedad... todos los días de mi vida "

Esto, creído, vivido y sentido provoca humildad, comprensión, dulzura, perdón.

Y esto hace que la Familia adquiera el valor que tiene, el mayor, el que es más querido por Dios...

Pidamos que así sea en la nuestra y en todas... Feliz Domingo…

Domingo Cuarto de Adviento (B)

Todo camino tiene su fin, todo viaje su meta… Aquello para lo que nos hemos ido preparando durante este tiempo se acerca… está a la puerta. Aquél que vino a traer la paz y la felicidad al mundo.

Y como siempre, Dios nos desconcierta, cambia nuestros proyectos, cambia nuestros planes y nos pone como modelos, ejemplos de personas que confiaron en Él y se dejarán llevar por su voluntad… Isaías, Juan Bautista… y cómo no, María:

¿Quién ES ELLA PARA NOSOTROS?
1.- Ella es para nosotros ejemplo de FE y nos enseña que sólo desde la Fe se puede aceptar el gran misterio de la voluntad de Dios porque “la fe es dar un sí generoso a lo que no vemos, fiados de lo que Dios nos dice…”

2.- María “supo esperar sin desesperarse.” Es para nosotros modelo de ESPERANZA porque convirtió su tiempo de espera en un “tiempo de esperanza” para la humanidad.

3.- Y María es para nosotros modelo de CARIDAD porque nos supo ofrecer lo más valioso para Ella, su hijo Jesús…

En vísperas de la navidad nos agarramos a María que nos enseña a vivir la entrega libre (LIBERTAD) y el servicio generoso a Dios y a los demás… (El que no vive para servir, no sirve para vivir) (necesitamos agarrarnos… porque vacilamos con facilidad…).

Tenemos en María el secreto para vivir una feliz y gozosa Navidad… su SÍ.

Aquel primer Sí provocó el nacimiento de Jesús… nuestro sí a Dios provocará el nacimiento de Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida…

Sí a Dios, Sí a lo que Él quiera…

Feliz Domingo…

Domingo tercero Adviento (B)

Poco a poco, como caracteriza a las cosas de Dios, nos estamos acercando a las fiestas de la Navidad…

En este domingo (3º del Adviento) todo respira alegría y gozo y es que hoy se nos invita a vivir el gozo del próximo nacimiento de Jesús, no sólo en nuestro interior, sino a llevarlo y transmitirlo en especial a los que sufren situaciones difíciles en su vida:

-Vendando los corazones desgarrados…
-Proclamando el perdón…
-Abriendo las puertas de la libertad…

Todo ese sueño que tan hermosamente nos describe el profeta Isaías en la primera lectura…

Con razón decía el Papa Juan Pablo II en julio de 2002 a los jóvenes de todo el mundo en Toronto:

“Los hombres están hechos para ser felices…
Vosotros buscáis la felicidad… y Cristo tiene la respuesta a este deseo vuestro…, pero os pide que confiéis en Él.
La verdadera felicidad es una victoria, algo que no puede obtenerse sin una larga y difícil batalla… Cristo tiene el secreto de la victoria…”

Así lo expresa y defiende el Santo Padre, y así lo expresó y vivió Juan el Bautista, el protagonista y ejemplo de este tercer domingo de Adviento…

“Tú ¿Quién eres…?”, le preguntan… le piden algo así como su carnet de identidad. Juan se define por la misión que ha recibido:

Es el precursor, el que corre abriendo camino. No es el Mesías, pero sí su pregonero… No es el novio, pero sí su amigo… No es la Palabra, pero sí una voz… No es quien esperaban, pero sí quien confirma las esperanzas de los que esperaban…

Y nosotros… ¿Quiénes somos?

Ante todo y sobre todo… seguidores de Cristo. Ojalá no nos identificáramos ni por nuestro nombre, ni por nuestros apellidos, ni por mi profesión, ni por nuestros títulos (Marqués del Tubo "mi padre tuvo, mi madre tuvo")… Sino sobre todo por nuestra fe…

Y es que uno es lo que cree, lo que sueña, lo que adora… quien ha de marcar y definir nuestra vida no somos nosotros, sino el Señor…

Esto lo entendió y vivió el Bautista, supo ponerse en el lugar que le correspondía y señalar al que realmente importaba… Ése que ojalá dentro de unos días vuelva a nacer en el corazón de cada uno de nosotros.

Domingo segundo Adviento (B)

La semana pasada comenzábamos el tiempo de Adviento con una actitud y fuerza que ha de encauzar nuestra vida: LA ESPERANZA.

Hoy, por medio de Juan el Bautista se nos invita a preparar el camino para la venida del Señor. Y hace esa invitación en el desierto… Es como si mirara nuestro mundo y viera en él los síntomas de una sociedad que vive mucho de la apariencia y de la vaciedad, un mundo donde se vive de una manera acelerada y donde la gente vive nerviosa, insatisfecha, preocupada.

Hemos construído un escaparate fascinante pero vacío por dentro…

Sabemos que la Esperanza es la que nos abre el camino, pero habrá que ponerse manos a la obra y “preparar” ese camino…

Preparar el camino es comenzar por fiarnos de Jesús… (La Fe)… esto lleva consigo un cambio (CONVERSIÓN), lo que provocará en nosotros una (Alegría) duradera y eterna… Una alegría que nos llevará a comunicarla a un mundo que necesita consuelo, cariño, generosidad, cercanía…

Hoy nos fijamos en Juan Bautista (uno de los personajes del Adviento) y no nos fijamos en su exterior, sino en su interior (como con los regalos, no en la envoltura sino en lo que contienen), no en su manera de vestir, comer o vivir, sino su mensaje.

Contamos pues con la fuerza de la Esperanza, pero es necesario un cambio en nosotros para que el Señor pueda nacer dentro de nosotros…

No olvidemos que “el pesebre de Jesús” no puede estar cubierto de cosas, sino limpio y preparado para Él… por eso hoy pedimos esa actitud interior de la verdadera Conversión…

Feliz Domingo con Jesús… Esperamos su venida… ¡Ven, Señor Jesús!

Domingo primero Adviento (B)

Comenzamos hoy el Adviento, un tiempo cargado de esperanza. Hoy comenzamos un nuevo año cristiano, el ciclo B de la Liturgia.
Durante este tiempo se nos invitará constantemente a estar vigilantes, a desear con ardor la venida del Señor, a confesar nuestros pecados y pedir perdón de ellos, a mirar a la vida con los ojos de la fe, para descubrir la presencia del Señor que viene…

Pero si echamos una vista a nuestro alrededor nos daremos cuenta que quizás hasta nosotros mismos estamos de vuelta de casi todo, ya no esperamos ningún Salvador y lo peor es que a veces pensamos que no necesitamos que Dios nos ayude…

Con nuestro saber científico hemos logrado que los tullidos anden, que los sordos oigan, que los ciegos vean…, hemos arrancado frutos abundantes de los desiertos, y hasta hemos escalado los cielos… cantando así, no la gloria de Dios, sino la gloria del hombre…

Muchos piensan que ya Dios no es necesario, se arreglan sin Dios y hasta es posible que algún día resucitemos a los muertos…

Y sin embargo nos hemos vuelto violentos, acudiendo a la guerra para defender la paz… Cada vez distanciamos y más la distancia entre los países ricos de los países pobres… Nos vemos amenazados continuamente, y es que, conocemos lo que es el bien, pero nos falta fuerza y voluntad para cumplirlo…

Toda la ciencia unida no puede ni podrá nunca producir ni una migaja de AMOR, ni una gota de ALEGRÍA.

No nos damos cuenta que sin Dios, todo carece de sentido, la muerte hace inútil todas nuestras conquistas y esperanzas…

Para un creyente, que observa todo esto a su alrededor, tiene que ser consciente que la vida tiene sentido, que amar es una forma de mantenerse a la espera, por eso hay que vivir con honradez, limpieza y transparencia, siendo generoso y alegre con todos… para que si viene el Señor en cualquier momento nos encuentre siempre vigilantes, atentos…, preparados…

El Señor vino y vendrá… pero sobre todo, el Señor está viniendo a tu vida en cada instante… ¿no lo notas…? Si no es así es que tienes frío el corazón y el espíritu…

¡Ven Señor Jesús! ¡Que cada uno de nosotros abra su corazón y su vida a tu venida!
Porque de corazón: (ESPERAMOS TU VENIDA).