Homilía San José ciclo A
19 marzo 2020
17 marzo 2020
16 marzo 2020
Meditación ante la nueva situación en la que vivimos
Cuando tantos de nosotros nos
vemos obligados a permanecer responsablemente en casa en estos días, privados
del encuentro con familiares, vecinos, compañeros de estudio o de trabajo, con
los demás miembros de la comunidad cristiana,... lanzamos acá un desafío
apostólico:
Comparte con nosotros una
oración que acabas de escribir para esta ocasión, una melodía que has compuesto
y que puede fortalecer la esperanza de los enfermos o de los que están solos,
un buen libro que te ha inspirado y que recomiendas para este tiempo de prueba,
una iniciativa que has tenido para agradecer a los equipos médicos que están
haciendo todo lo posible para salvar vidas, una campaña de solidaridad a favor
de alguien más vulnerable en este momento,...
Breve oración ante el COVID- 19
«Que los estantes vacíos del supermercado me ayuden a pensar en
quienes la escasez es el no-pan suyo de cada día.
Que la falta de mascarillas o de hidroalcohol me haga
reflexionar ante quien vive a la intemperie desde que nace, sin tarjeta médica,
ni hospitales, ni medicinas…
Que la incertidumbre de a quién le tocará, me ayude a intuir
los sentimientos de los que oyen el silbido de las bombas y los disparos hoy.
Que el posible aislamiento me sirva para padecer-con los
refugiados bloqueados en Turquía.
Que las posibles "grandes complicaciones logísticas"
laborales, educativas y familiares me ayuden a comprender una pequeña parte
de lo que sienten los padres que no tienen ni abrigo, ni casa, ni cuadernos, ni
respuestas, ni esperanza para sus hijos.
Que el caos económico que amenaza nuestro privilegiado
bienestar nos sirva para abrir los ojos ante quien busca simplemente futuro
atravesando el océano, el desierto, el campo helado o las alambradas.»
Padre bueno
Padre bueno, consuelo de tu Pueblo,
en tus manos están nuestras esperanzas y angustias,
nuestra confianza y los temores del caminar.
En este tiempo de zozobra
ayúdanos a no perder de vista que lo importante
es cuidarnos los unos a los otros como nos cuidas tú.
Te pedimos que sea posible un nuevo encuentro,
donde la cercanía sea desde la responsabilidad
y donde el Sacramento de tu Palabra
nos alimente desde lo cotidiano y cordial.
Mueve siempre nuestra vida
al cuidado de la Creación y de los demás.
Anima a quién se siente en soledad,
y regálanos la serenidad de una Pascua siempre nueva
en tu presencia Viva y Verdadera.
Que así sea.
Ejercitemos las virtudes en este tiempo en el que estamos en casa
Ejercitemos las virtudes en este tiempo en el
que estamos en casa
La cuaresma de 2020
está siendo marcada excepcionalmente por la pandemia del COVID-19.
Os sugiero ejercitar algunas virtudes derivadas de la actual pandemia, para la vivencia de esta cuaresma:
Os sugiero ejercitar algunas virtudes derivadas de la actual pandemia, para la vivencia de esta cuaresma:
1. Ejercitemos la virtud personal de la humildad, reconociendo que
no soy omnipotente ni superior a las fuerzas de la naturaleza, ganando la
presunción de que no soy más inmune y más civilizado que todos los demás.
Mi existencia no depende solo de mí, no soy yo el dueño de la vida.
2. Crezcamos en humildad científica y tecnológica, ante sus
grandes avances, que son dones a cultivar y agradecer, pero no son dioses a
adorar. Lo que nos salva, pues, no es el poder económico, por el progreso
de la ciencia o las maravillas de la técnica, sino el amor de unos por otros.
3. Pongamos en práctica una fraternidad solidaria, como antivirus
contra la superficialidad, la indiferencia, la autosuficiencia y el narcisismo,
que tantas veces me hacen ponerme a mí mismo en el centro de todo y por eso
mismo, olvidando que todo es don.
4. Valoremos a la familia y a nuestra casa como lugares más
seguros. El hecho de pasar más tiempo en casa en este obligatorio
confinamiento, no es necesariamente una penitencia y puede ser más bien una
bendición. Profundicemos en la calidad del diálogo y de la presencia familiar.
5. Redescubramos la importancia de los afectos, con los que no
sean más cercanos, con los que comparten la misma casa, el mismo medio de
transporte, el mismo espacio de trabajo. La soledad forzada nos enseña el
valor y el precio de la relaciones humanas. La impuesta distancia
superior a un metro nos revela la belleza y la nostalgia de las distancias
breves.
6. Optemos por un estilo de vida más sobrio, menos enfocado en el
consumo, más centrado en lo esencial. Porque “no solo de pan vive el
hombre” y mucho menos vive de la moda, de los colorantes y conservantes y de
productos azucarados o manipulados.
7. Liberémonos del deseo alienante de una vida vivida en régimen
de diversión continua. Es una buena oportunidad para corregir un cierto
estilo de vida pagana y mundanizada, que se conforma con un “pan” en la mesa y
“circo” en la plaza.
8. Redescubramos la belleza y la riqueza de la lectura, por
supuesto también de la Sagrada Escritura y de la meditación diaria del
Evangelio.
Y así,
sin haberlo previsto, todas nuestras urgencias, las agendas repletas, las
actividades programadas, lo imprescindible... se nos cae
Y
entramos en un desierto donde quizás nos espera la verdad para la que nunca
tenemos tiempo.
Y la Cuaresma empieza a serlo más, convirtiendo la cuarentena en una verdadera Cuaresma.
......
Oración del Papa Francisco invocando la
protección de la santísima virgen frente a la pandemia del coronavirus
Oh María, Tú resplandeces siempre en nuestro
camino como signo de salvación y esperanza.
Nosotros nos encomendamos a ti, salud de los enfermos, que ante la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.
Tú, salvación del pueblo de dios, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en cana de Galilea, puede regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.
Nosotros nos encomendamos a ti, salud de los enfermos, que ante la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.
Tú, salvación del pueblo de dios, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en cana de Galilea, puede regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del divino amor, a
conformarnos a la voluntad del padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha
tomado sobre si nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre si nuestros dolores
para llevarnos, a través de la cruz, al gozo de la resurrección. Amén
Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa
Madre de Dios. No desprecies la súplicas de los que estamos en la prueba y
líbranos de todo peligro
¡ oh Virgen gloriosa y bendita!
Estoy descubriendo mi celda
Estoy descubriendo mi celda
Chus Villarroel
Entre las cosas buenas del coronavirus una de ellas es
que nos está haciendo pensar a muchos.
Unos tratan de contener la epidemia, otros nos dan
consejos prácticos, otros hacen psicología para evitar la histeria colectiva y
a otros, entre ellos a mí, nos interesa más la cuestión trascendente.
He dedicado mi vida a escuchar la cantidad de sandeces
que desde el siglo XIX hasta hoy se han dicho, sobre todo por parte de algunos
filósofos, pensadores y científicos, para enfriar en los corazones cualquier
deseo o atisbo de superar la pura materia.
Este bichejo de nombre tan rimbombante creo que nos
está colocando un poco en nuestro sitio. En lo científico nuestra derrota es
inapelable. La única defensa que tenemos es parapetarnos para que no entre.
Hoy, sin embargo, quiero hablaros de otra cosa más
sugerente. Hace unos días descubrí mi celda después de vivir en ella muchos
años. Me sucedió como a Unamuno que siendo vizcaíno de nacimiento y escuchando
el rumor de las olas desde la cuna, no fue capaz de descubrir el mar. No se
enteró de que existía tal cosa. Metido en sus elucubraciones y en sus sentimientos
trágicos no se percató de su presencia en su vida.
Lo descubrió cincuenta años más tarde en
Fuerteventura, una isla canaria de arena y perfiles marinos, donde pasó varios
años desterrado por el gobierno español. Allí descubrió el mar y su alma se
llenó de poemas y de brisas azules. Gracias a este descubrimiento soportó con
brillantez interior su largo destierro en aquella solitaria isla.
Yo me encuentro ahora desterrado por el coronavirus en
mi habitación. Eso es, por lo menos, lo que me recomiendan y trato de
cumplirlo. Pero ¿cómo se sobrevive en una habitación?
Ya sé que soy un paciente de mucho riesgo y que tengo
que cuidarme, mas tengo que convencerme de que merece la pena. No estoy
acostumbrado a vivir en una habitación solo, sin agenda, sin compromisos, sin
planes de futuro, sin visitas. Una soledad vacía me inquietó los primeros días:
¡Dios mío, la que me espera por culpa de este dichoso
parásito! He intentado llenar mi celda de sentido proponiéndome nuevas cosas
pero resultaban ser postizas y no me enganchaban y, de repente, la iluminación:
Yo había estado muchas horas en la habitación pero la habitación no había
entrado en mí. No la había descubierto. Yo estaba en ella pero la había
utilizado pensando en mis cosas, en mis problemas, en mis estudios, en mis
escritos, en mis enfermedades, en mí. Entonces me di cuenta que la habitación,
como Fuerteventura, es un espacio contemplativo que no tengo que llenar sino
dejar que me llene. Descubrí que estaba llena de Espíritu Santo ese ser que no
ignora ningún sonido ni se le oculta ninguna soledad.
Esto es una experiencia espiritual pero plenificante.
A mí como soy creyente me ha ilusionado. Me gusta encontrarme con algo dentro
de mí. Una habitación sin descubrir destruye la oración, una vez descubierta
disfrutas del placer de la interioridad. De lo contrario, siempre estás fuera
de ti aun en el lugar o el momento de mayor intimidad. Te aseguro, amigo mío,
que si no descubres tu hogar contemplativamente no amarás bien a tu mujer ni
educarás a tus hijos; los llenarás de tus rollos, manías y preferencias. El
hogar es el espacio vacío del amor y solo se llena con una sabiduría
trascendente que viene de arriba. Si eres creyente, llámala Espíritu Santo.
Le voy cogiendo gusto a esta soledad. Me doy cuenta
que la contemplación no consiste en decirle cosas a Dios sino en dejar que él
te las diga a ti. Para eso se necesita cierto ejercicio y cierta unción. No
llega el primer día. Pero mejor ocasión que esta para entrenarse un poco no
podemos encontrarla. Si nos dedicamos a ver solo programas de ocio y diversión,
al final el estrés, el temor y el nerviosismo podrán contigo y lo pagará el
resto de la gente con la que vivas. No hay mal que por bien no venga. Cuando
haya pasado todo esto tal vez hayas crecido un poco en interioridad.
El coronavirus, desde la providencia: llamada al amor creativo
Estos días de Cuaresma releemos
la salida de Israel de Egipto, cuando Dios le libró del azote de las plagas. La
escena cobra vida nueva ante la epidemia que vivimos. Y nos recuerda que Dios
no es ajeno a nada de cuanto nos pasa. “En tu mano están mis azares” (Sal
35,15). Quien vive todo desde la fe en el Creador, también desde la fe en el
Creador vive el coronavirus.
¿Por qué el coronavirus, cuáles
son sus causas y efectos? De ello puede hablarnos el biólogo o el médico,
también el psicólogo o el economista. Pero solo la fe da el horizonte último
que unifica las miradas parciales. El creyente no tiene todas las respuestas,
pero conoce a quien sí las tiene. Lo conoce y sabe invocarle, para que le ayude
a vivir esta hora con sentido. Creer en Dios significa que nuestro
“¿por qué?” puede transformarse en “¿para qué?”
“En el programa del reino de
Dios”, decía san Juan Pablo II, “el sufrimiento está presente en el mundo para
provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo” (Salvifici Doloris 30).
También el sufrimiento del virus está presente para que se
reavive en nosotros el amor. Hacia este amor conduce la providencia todas las
cosas. Por eso quien cree en la providencia no responde con la dejadez o la
irresponsabilidad, sino con la inteligencia del amor.
Despertamos al amor, primero,
porque descubrimos lo valiosas que son nuestras relaciones, basadas en el
cuerpo. Y es que este virus es una amenaza para nuestra vida común. Por su
culpa tenemos miedo a estar juntos, a obrar juntos, nos aislamos... Así el
virus nos hiere en el corazón de lo humano, que es la llamada a la comunión.
Pero por contraste aprendemos a la vez el gran bien que está amenazado. Pues
experimentamos que no tenemos vida si no es vida juntos. Que no podemos
florecer como individuos solitarios, sino solo como miembros de una familia,
escuela, barrio... El virus desenmascara la mentira del individualismo y
atestigua la belleza del bien común.
Y así despertamos al
amor, en segundo lugar, porque sufrimos como propio el sufrimiento
y la angustia de los otros. El dolor nos une. En cierto modo nos hemos
contagiado todos del virus, porque se ha contagiado nuestra comunidad, ciudad,
nación. Vienen tiempos duros para muchas familias, para los ancianos, para los
más frágiles. Y el dolor acrecentará entre nosotros las obras de amor al
prójimo. La dificultad del contacto físico requerirá un amor inteligente, que
invente nuevas formas de presencia. Los medios tecnológicos nos ayudarán a
expresar esa cercanía y apoyo afectivo que, lejos de contagiar el virus, nos
vacunan contra él.
Despertar al amor será
también, en tercer lugar, despertar a nuevos modos de obrar juntos.
Pues el dolor del virus, además
del que causa la enfermedad, será el dolor de la zozobra, de no saber a qué
atenerse ni cómo sacar adelante las mil cosas de la vida cotidiana, será la
fatiga de rehacer planes y de soportar la espera. Y el amor inteligente y
creativo será el de los maestros que no interrumpen su labor educativa ni su
apoyo a los alumnos, el de los padres que inventan quehaceres y juegos para sus
hijos, el de los pastores que siguen llevando alimento a sus fieles, el de las
familias que inspiran y comparten su creatividad con otras familias.
En fin, esta creatividad del
amor nos hará descubrir que el amor tiene una fuente inagotable. Y así el dolor
nos despertará al amor, en cuarto lugar, si volvemos la mirada a
Dios, manantial y cauce de todo amor.
El aislamiento forzado del
virus puede ayudar a ahondar en la gran pregunta sobre el “para qué” de todo.
El virus, al amenazar el aliento de vida que respiramos y la presencia de
quienes amamos, nos invita a preguntarnos por el secreto último de este aliento
de vida y de este amor. ¿Cuál es su origen y destino? Y la pregunta nos llevará
a descubrir el rostro de ese Dios que ha querido responder al sufrimiento, no
con una teoría, sino con una presencia: sufriendo con nosotros. Pues Él se ha
hecho carne, contagiándose de nuestro dolor para sanarlo. Y, en los sacramentos
de su cuerpo y sangre, nos ha regalado la salud.
Precisamente en este tiempo
puede hacerse difícil el acceso a los sacramentos, sobre todo a la Eucaristía.
Recordemos, por ello, que la gracia de Dios sigue actuando, aun cuando no podamos
acudir a comulgar. Pues en cada misa que diga un sacerdote, aunque esté solo,
estaremos todos presentes, y su gracia nos tocará. Y la fe en la providencia
suscitará un amor inteligente para que la Eucaristía siga prolongándose en
nuestras vidas. Podremos reforzar la oración en común, la lectura en voz alta
de la palabra de Dios, el rezo familiar de laudes o vísperas el domingo, la
invocación de María en el rosario...
Es posible que, como ya está
sucediendo en Italia, muchos deban vivir esta Cuaresma desde el ayuno de la
Eucaristía. Será un dolor salvífico si despierta en nosotros el amor por el pan
vivo que viene del cielo. Si nos enseña que, privados de la Eucaristía,
medicina de inmortalidad, no podemos vivir. Pues en ella está el cuerpo
resucitado de Cristo, inmune ya a cualquier virus, y fuente inagotable de
nuestra vida juntos. Así, la amenaza
del virus despertará en nosotros, junto al amor concreto por el que sufre, la
esperanza de un amor pleno que nunca acaba. Pues sonará nueva la súplica del salmista:
“No temerás la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que
devasta a mediodía, porque hiciste del Señor tu refugio, tomaste al Altísimo
por defensa” (Sal 91,5-6.9).
Nada escapa a la providencia de
Dios, y Dios cuenta con nuestra prudencia (que es la inteligencia del amor)
para hacer frente a la epidemia, apoyándonos unos a otros generosa y
creativamente.
José Granados / Superior
General de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María
Y de repente todo cambió
... Y de repente despertamos un día y todo cambió, en Disney se apagó la magia, la muralla china no era tan fuerte, ahora New York si duerme, y ningún camino quiere conducir a Roma, un virus se corona como dueño del mundo y nos dimos cuenta de nuestra fragilidad, no sabemos si el daño es a propósito o irresponsabilidad de nosotros mismos, pero la amenaza está ahí cada día más fuerte, ya los memes no causan tanta risa, los abrazos y los besos se transformaron en armas peligrosas y la escasez de productos nos demuestra una vez más lo egoísta que somos, tan egoístas que decimos "no hay problema este virus solo se lleva a los viejitos" como si no tuviéramos a nuestros padres o como si no fuéramos a llegar nunca ahí. Queremos hacer valer nuestros "derechos" de decidir si dejar vivir o no a otro y ahora nos damos cuenta que no podemos ni decidir por la vida de nosotros, un planeta que hoy se pone una máscara no solo para un virus sino para tapar nuestra vulnerabilidad mezclada con soberbia y se lava las manos para no reconocer nuestra responsabilidad tal como un pilato.
Sí, hay miedo. Sí, hay aislamiento. Sí, hay compras de pánico. Sí, hay enfermedad.
Sí, incluso hay muerte.
Pero, dicen que en Wuhan después de tantos años de ruido puedes escuchar a los pájaros de nuevo.
Dicen que después de unas pocas semanas de silencio el cielo ya no está lleno de humos. Pero azul, gris y claro.
Dicen que en las calles vacías de Assisi la gente está cantando desde sus casas y sus balcones manteniendo sus ventanas abiertas para que los que estén solos puedan escuchar las voces de las familias a su alrededor.
Dicen que un hotel en el oeste de Irlanda ofrece comidas gratis y las entrega a domicilio.
Hoy una joven que conozco está ocupada repartiendo por el barrio volantes con su número de teléfono para que los ancianos puedan tener a alguien a quien llamar.
Hoy iglesias, sinagogas, mezquitas y templos
se están preparando para dar la bienvenida
y proteger a los desamparados, enfermos y cansados.
En todo el mundo la gente se está desacelerando y reflexionando.
En todo el mundo, las personas miran a sus vecinos de una manera nueva.
En todo el mundo la gente está despertando a una nueva realidad. A lo grande que realmente somos. A qué poco control tenemos realmente. A lo que realmente importa ... AMAR.
Entonces rezamos y recordamos que
Sí, hay miedo ..pero no tiene que haber odio.
Si, hay aislamiento ..pero no tiene que haber soledad.
Sí, hay compras de pánico ..pero no tiene que haber egoísmo.
Sí, hay enfermedad ..pero no tiene que haber enfermedad del alma.
Sí, incluso hay muerte ..pero siempre puede haber un renacimiento del amor.
Despiértate eligiendo como vivir hoy.
Hoy respira, haz una pausa y escucha detrás de los tormentos de tu miedo.
Los pájaros cantan de nuevo, el cielo se está despejando, la primavera está llegando, y siempre estamos rodeados de amor.
Abre las ventanas de tu alma y aunque no puedas pisar la calle vacía ... ¡Canta!
Marzo 2020
15 marzo 2020
22 febrero 2014
Meditación domingo 7º TO A (23-2-2014)
Meditación:
“Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo.” (Mt 5, 41-43)
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Cuando el Señor nos pide amar al enemigo, nos está pidiendo algo que va más allá de lo que el hombre por sí sólo puede realizar. Sin la ayuda de la gracia, este mandato de Cristo es imposible cumplirlo. Quizá se podría no devolver mal por mal, pero de ahí a hacer el bien a quien te ha hecho daño hay un largo trecho. Y, sin embargo, eso es lo que pide Cristo porque eso es lo que Él practicó.
Ahora bien, quizá este mandamiento lo valoraríamos de otro modo si cambiáramos la perspectiva. ¿Qué nos parecería si en realidad el Señor no nos estuviera hablando a nosotros sino a esa persona a la que hemos hecho daño y que tiene la posibilidad de vengarse de nosotros, de devolvernos el golpe que antes nosotros le dimos? ¿Verdad que en ese caso ya no nos parecería tan descabellada la orden del Señor? ¿Verdad que le rogaríamos a nuestro enemigo que la cumpliera e incluso le recordaríamos que no sería un buen cristiano si no lo hiciera? Cuando tratamos el tema del perdón siempre pensamos en el que nosotros debemos dar, pero no en el que necesitamos que nos den. Quizá éste no lo recibamos, pero debemos empezar por dar el nuestro, porque a lo mejor así el otro se anima a dar el suyo y porque, como también dijo Cristo, “la medida que uséis la usarán con vosotros”. Necesitamos ser perdonados, por Dios y por los hombres; para que ese perdón nos llegue, empecemos nosotros por otorgarlo a quien nos ha ofendido. Eso es lo que rezamos en el Padrenuestro. | |
Propósito: Empecemos por perdonar y rezar por los que nos han hecho daño y luego recemos para que aquellos a los que nosotros hemos herido nos perdonen.
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27 julio 2013
Reflexión domingo 17 T.O. C
El Papa Francisco, siempre sorprendente con sus “perlas homiléticas” advertía en su encuentro con los seminaristas y novicios que, la evangelización, se realiza de rodillas. “La difusión del Evangelio no se asegura ni por el número de personas, ni por el prestigio de las instituciones, ni por la cantidad de recursos disponibles. Jesús mandó a sus discípulos a predicar sin bolsa, sin saco y sin sandalias”. Nuestra oración insistente, clarifica y nos abre hacia aquello que, por nosotros mismos, somos incapaces de realizar: Dios de una manera segura, simple y suficiente es capaz de colmar nuestras aspiraciones.
1.- Partiendo entonces de una realidad, la Iglesia no es nuestra sino de Dios y es un campo a cultivar por nosotros pero con la fuerza del Espíritu, no nos queda otra –como mejor futuro para el desarrollo de nuestra siembra- que rezar y colocar nuestros esfuerzos apostólicos en las manos de Dios. Lo contrario, además de egocentrismo, significaría tanto como creer que todo depende de nosotros.
¿Qué se nos exige, para nuestra vida de piedad, en este Año de la Fe?
–Algo tan sencillo como el pedir / –Algo tan natural como pedirlo al Padre
–Algo tan fácil como hacerlo a través de Jesús / –Algo tan imprescindible como el solicitarlo con Fe
–Algo tan comprometedor como el permanecer en El
2. Qué dificultades salen al paso de todo ello
+La falta de sinceridad; cuando pedimos sin hacer ver a Dios los móviles verdaderos de nuestra solicitud. No me conviene, pero se lo pido porque me apetece
+La ausencia de reconciliación; cuando estando rotos por dentro intentamos que sea Dios quien resuelva el caos o la guerra de nuestra existencia interna o externa. Ya que otros me lo han impedido
+El egoísmo; cuando conocedores de que la felicidad no siempre se consigue con el tener, nos precipitamos por acaparar lo indecible. Siempre es más bueno tener que necesitar. Le diré a Dios que me restituya lo que me corresponde.
+La falta de paciencia; cuando ante la esterilidad aparente de nuestras oraciones nos aburrimos de hablar amistosamente con Dios y, convertimos la oración, en un medio de instrumentalización: como no me das… ¡te dejo!
+La incredulidad; cuando surgen dudas e interrogantes sobre el fruto y el valor más profundo de la oración. ¡Para qué voy a rezar si Dios está sordo!
El evangelio, de este domingo, nos trae a la memoria una gran realidad: DIOS SE INTERESA POR NOSOTROS. Es ahí donde, el cristiano, descubre que toda su vida –por ser importante para Dios- cobra nuevo impulso cuando se presenta ante El:
+cuando
3.- Me viene a la memoria la anécdota de aquel náufrago profundamente creyente que pedía y confiaba mucho en Dios, pero que no supo ver su mano en aquel momento donde, en la soledad de una isla, se debatía entre la vida y la muerte.
Llegó una embarcación y el capitán le invitó a subir a proa; el náufrago le contestó: “váyase tranquilo; yo confío en Dios”. Al día siguiente un submarino se percató de la presencia del accidentado y nuevamente le pidieron que recapacitara en su postura y que embarcase; “váyanse tranquilos…confío plenamente en Dios”. Por tercera vez un trasatlántico atisbó las circunstancias trágicas en las que se encontraba el solitario náufrago convidándole una vez más a abandonar la isla. Ante su negativa el crucero siguió su curso.
Cuando pasaron los días y las fuerzas se fueron debilitando el náufrago cerró ojos y se presentó ante Dios increpándole: “¡cómo no has hecho nada por mí en los momentos de peligro” “¿no te das cuenta el ridículo en que me has dejado ante mis familiares y amigos cuando yo tanto esperaba de Ti?”. Dios, sigue esta parábola, le cogió por el hombro y le contestó: “amigo; tres embarcaciones te envié y no quisiste ninguna”.
Que nuestra oración sea como la del agua que, por su persistencia y no por su consistencia, es capaz de romper o erosionar la mayor de las rocas. Que nuestra oración sea, sobre todo, unos prismáticos que nos ayuden a ver y aprovechar los signos de la presencia de Dios en nuestra vida. Dicho de otra manera; que la oración sea esa sensibilidad para ver ciertos golpes de gracia…como la mano certera de Dios a nuestras necesidades.
15 junio 2013
El Papa, con los movimientos eclesiales
(Vigilia de Pentecostés. 18 mayo 2013)
Respuestas del Santo Padre a las
preguntas de los Movimientos Eclesiales:
Buenas tardes a todos,
Estoy contento de encontrarlos, todos nosotros nos encontramos en esta plaza
para rezar, para hacerlo unidos y para esperar el don del Espíritu. Conocía las
preguntas y las he pensado, esto no es improvisado, primero la verdad, las
tenía acá escritas.
La primera: ¿cómo usted ha podido
alcanzar la certeza sobre la Fe y que camino nos indica para que cada uno de
nosotros pueda afrontar la fragilidad de la Fe?
Es una pregunta
histórica y tiene relación con mi historia personal. He tenido la gracia de
crecer en una familia en la que la Fe se veía de un modo simple y concreto,
pero sobre todo estuvo mi abuela, la madre de mi padre que ha marcado mi
camino de Fe. Una mujer que nos explicaba, nos hablaba de Jesús, nos enseñaba
el catecismo y recuerdo siempre que los Viernes Santos nos llevaba siempre a la
tarde a la procesión de las velas, de las candelas. Y al terminar la procesión
llegaba el Cristo yacente y mi abuela nos hacía arrodillar y nos decía: - está
muerto pero mañana resucitara- he recibido mi primer anuncio cristiano
propiamente de mi abuela, esto es bellísimo, el primer anuncio en mi casa, con
mi familia.
Esto me hace
pensar en el amor de tantas madres, de tantas abuelas en la transmisión
de la Fe. Son ellas las que transmiten la Fe; San Pablo decía ya a Timoteo, -
yo recuerdo la Fe de tu mama y de tu abuela- porque Dios nos pone cerca a las
personas que nos ayudan en nuestro camino de Fe, nosotros no encontramos la Fe
en abstracto, es siempre una persona que predica, que nos dice quien es Jesús,
que comparte la Fe, que nos hace el primer anuncio, y así fue mi primera
experiencia de Fe. Pero hay para mi un día muy importante, el 21 de septiembre
del 53, tenía casi diecisiete años, era el día del estudiante, para nosotros el
día de la primavera, para ustedes es el día del otoño. Antes de ir a la fiesta
pasé por mi parroquia y encontré un sacerdote que yo no conocía y sentí la
necesidad de confesarme. Esta fue para mi una experiencia, porque encontré que
me esperaban, no se por qué estaba ese sacerdote que no conocía, por qué sentí
ese deseo de confesarme… La verdad era que me estaban esperando. Después de la
confesión sentí que algo había cambiado, yo no era el mismo Había sentido como
una voz, una llamada y estaba convencido que yo tenía que ser sacerdote. Esta
experiencia en la Fe es importante. Nosotros decimos que tenemos que buscar a
Dios, ir a Él a pedir perdón, pero cuando nosotros vamos el nos está esperando
primero; en español tenemos una palabra que explica bien esto, “El Señor
siempre nos primerea”, Él es primero, encontrar a alguien que te está esperando
es una gracia grande. Es la experiencia que los profetas de Israel decían: - El
Señor es como la flor de la primavera, antes que vengan las otras flores
el viene antes, el Señor nos espera-
Cuando nosotros lo
buscamos, encontramos esta realidad, que Él nos espera para recibirnos, darnos
su amor y esto crea un estupor tal que uno no puede creer y es así como va
creciendo la Fe, con el encuentro con una persona, con el encuentro con el
Señor. Alguno dirá yo prefiero estudiar la Fe en los libros, eso es importante,
pero con esto sólo no es suficiente, lo importante es el encuentro con Él,
porque es propiamente Él el que te da la Fe.
También ustedes
hablaban de la fragilidad de la Fe para vencerla, el enemigo es el miedo, no
tengas miedo, somos frágiles pero lo sabemos, pero Él es más fuerte, si tu vas
con Él no hay problemas. Un niño es fragilísimo pero con su padre está seguro.
Con el Señor estamos seguros, la Fe crece con el Señor, de la mano del Señor,
esto nos hace crecer. Si pensamos que nos la podemos arreglar sólo, recordemos
a Pedro que negó tres veces antes de que cantara el gallo. Cuando tenemos
demasiada confianza, nos volvemos más frágiles. Siempre debemos ir con el Señor
y decir con el Señor es decir con la Eucarística, con la biblia, con la
oración. Pero también en la familia, con la madre, con María, ella es la madre
que nos lleva al Señor. Acerquémonos a la Virgen María y pidámosle que como
madre nos haga fuerte, esta es mi experiencia, algo que me hace fuerte es rezar
el rosario todos los días, siento una fortaleza tan grande, porque voy a ella y
me siento fuerte.
Pasamos a la segunda
pregunta: Todos nosotros sentimos fuertemente el desafío de la
evangelización, está en nuestro corazón, por eso le pido nos ayude a entender
como vivir este desafío en nuestro tiempo, cuál es para usted lo más importante
que nosotros tenemos que mirar para cumplir este trabajo al que estamos
llamados.
Yo diré tres palabras,
primero Jesús, qué es lo más importante Jesús. Si vamos adelante con la
organización, con cosas lindas pero sin Jesús, no vamos, la cosa no va. Jesús
es lo más importante. Pero ahora yo quisiera hacer un llamado de atención
fraternal, una corrección. Ustedes han gritado en la plaza, Francisco,
Francisco, Papa Francisco, y Jesús dónde estaba, yo hubiera querido que
ustedes gritaran Jesús, Jesús está entre nosotros. De ahora en adelante nunca
Francisco, sino Jesús.
La siguiente palabra
es la oración, mirar el rostro de Dios pero sobre todo sentirse mirados, el
Señor nos mira, nos mira primero. Mi experiencia es lo que yo experimento
delante del sagrario, algunas veces me duermo un poco por el cansancio de
la jornada, ustedes me entienden, yo siento fortaleza cuando pienso que Él me
mira, nosotros pensamos que tenemos que hablar, pero tenemos que dejar
que Él nos mire, cuando Él nos mira nos da fuerzas, nos ayuda a dar testimonio,
primero Jesús después la oración. Uno siente que Dios nos lleva de la mano. Y
la importancia de esto es dejarse guiar por Él y esto es más importante que
todo, somos verdaderos evangelizadores si nos dejamos guiar por Él. Fijémonos
en Pedro, estaba haciendo la siesta después del almuerzo y tuvo esa visión del
mantel, y Jesús le dice algo pero el no entendía. El Espíritu Santo estaba
allá, Pedro se dejó guiar por el Espíritu Santo para llegar a esta primera
evangelización, a los gentiles que no eran hebreos, algo inimaginable en aquel
tiempo y así toda la historia. Déjense guiar por Jesús. Nuestro líder es Jesús.
Y lo tercero el
testimonio, yo quisiera agregar una cosa, este dejarse guiar por Jesús nos
lleva a las sorpresas de Jesús, a veces pensamos que la evangelización tenemos
que pensarla en una mesa, en un escritorio, creando planes, pero eso es un
pequeño instrumento, lo importante es dejarse guiar por Jesús, después hagamos
la estrategia, pero eso es secundario. El testimonio, la transmisión de la Fe
solo se puede hacer con el testimonio, y eso es el amor, no con nuestras ideas,
con el Evangelio que se vive en la propia vida y que el Espíritu Santo es como
una sinergia, a la Iglesia la llevan adelante los Santos, que son
aquellos que realmente dan este testimonio. Ha dicho Juan pablo II y también
Benedicto XVI- Tenemos tanta necesidad de testigos, no tanto de maestros, sino
de testigos- No hablar tanto, sino hablar con la vida, con la coherencia de
vida, una coherencia de vida que vive el cristianismo como un encuentro con
Jesús que nos lleva a los otros y no como un hecho social, socialmente somos
así, somos cristianos cerrados, cerrados entre nosotros y así no damos
testimonio.
La tercera pregunta: ¿Cómo podemos vivir
una Iglesia pobre para los pobres y en qué modo el hombre sufriente es una pregunta
para nuestra Fe?
Retomo el testimonio,
primero que todo vivir el Evangelio, es la principal contribución que podemos
dar, la Iglesia no es un movimiento político, ni una estructura bien
organizada, no es eso. Nosotros no somos una ONG y cuando la Iglesia se
transforma en una ONG, no tiene sal, está vacía. Sean vivos, una cosa es
predicar a Jesús y otra cosa es la eficacia. Ser eficiente, esta es otra
palabra.
La gloria de la
Iglesia es vivir el Evangelio y dar el testimonio de Fe. Es sal de la tierra lus
del mundo, llamada a ser presente en la sociedad como la levadura del Reino de
Dios, primero con el testimonio del amor fraterno, la solidaridad, el
compartir. Momentos de crisis como los que estamos viviendo, has hablado
primero que estamos en un mundo de mentiras, propiamente la mentira es una
crisis, estemos atentos, no es una crisis solamente económica, cultural, es una
crisis del hombre, el que está en crisis es el hombre y el que puede terminar
destruido es el hombre, y el hombre es una imagen de Dios, por eso es una
crisis profunda. En este momento de crisis no podemos dedicarnos solamente de
nosotros, cerrarnos en la soledad, en el sentido de impotencia, no nos cerremos
por favor, esto es un peligro. Si nos cerramos en la parroquia con los amigos,
con el movimiento, con aquellos que pensamos lo mismo, ¿saben qué sucede?
Cuando la Iglesia se cierra se enferma. Piensen en una habitación cerrada,
cerrada por un año, cuando vas hay olor a humedad, a cosas cerradas.
Una Iglesia cerrada es
lo mismo, es una iglesia enferma. La iglesia debe salir de sí misma hacia las
periferia existenciales, Jesús nos dicen vayan a todo el mundo, prediquen, den
testimonio del evangelio. Pero que sucede, si uno va fuera de si mismo, puede
pasarle un accidente, como a cualquiera que sale de su casa. Prefiero mil veces
una iglesia accidentada que una iglesia enferma por estar cerrada. Piensen
también en aquello que dice la apocalipsis, es una cosa linda que Jesús está a
la puerta y llama para entra en nuestro corazón. Pregúntense cuántas veces
Jesús está dentro, toca la puerta para salir fuera y nosotros no le dejamos
salir por nuestra seguridad, porque estamos cerrados en estructuras caducas que
solamente nos sirven para hacernos esclavos y no hijos libres de Dios.
Es muy importante ir
al encuentro, el encuentro con los otros, porque la Fe es un encuentro con
Jesús y tenemos que hacer lo mismo encontrar a los otros. Vivimos en una
cultura del desencuentro, de la fragmentación, una cultura del no me sirve, del
descarte. Tenemos que ir al encuentro y tenemos que hacer con la Fe una cultura
del encuentro, una cultura de la amistad, una cultura en la que encontramos
hermanos y podemos hablar con aquellos que no piensan como nosotros, que tienen
otra Fe. Pero no se les olvide que todos son hijos de Dios, hacer el encuentro
con ellos sin negociar nuestra pertenencia.
Y si salimos de
nosotros mismos encontramos la pobreza, hoy esto hace mal al corazón encontrar
un pobre muerto de frío no es noticia, hoy es noticia un escandalo, eso si es
noticia. Hoy pensar que tantos niños no tienen para comer no es noticia. Esto
es grave, no podemos quedarnos tranquilos, porque las cosas sean así. No
podemos ser cristianos almidonados, muy educados, que toman el te tranquilos
hablando de cosas teológicas. Tenemos que ser cristianos con coraje, valientes,
e ir a buscar aquello que son la carne de Cristo. Cuando voy a confesar,
todavía no he podido porque de aquí no se puede salir, “je je”. Cuando yo iba a
confesar en la diócesis anterior venían algunos: ¿usted da limosna? -si
Padre-. ¿Cuándo da la limosna mira a los ojos de aquel al que le da la limosna?
-No sé no me doy cuenta- ¿y toca la mano o le tira la moneda?
Tocar la carne de
Cristo, tomar sobre nosotros el dolor de los pobres, no es la pobreza una
categoría filosófica o cultural, es una categoría teologal, diría la primera
categoría. Porque el Hijo de Dios se hizo pobre para caminar con nosotros por
la calle. Esta es nuestra pobreza, la que nos ha traído el hijo de Dios con su
encarnación. Una iglesia pobre para los pobres y así comenzamos a entender que
es la pobreza del Señor y esto no es fácil y también hay un problema que no
hace bien a los cristianos, el espíritu del mundo, que nos lleva a una
suficiencia, a vivir el espíritu del mundo y no el de Jesús. La pregunta que
hacían ustedes, ¿cómo se debe vivir para afrontar esta crisis que toca la ética
pública, la política?
Como esta es una
crisis del hombre, que destruye al hombre, que despoja al hombre de la ética,
todo es posible, todo se puede hacer, y vemos como la falta de ética en la vida
pública hace tanto mal a toda la humanidad. Yo quisiera contarles una historia,
es la historia que cuenta de un rabino del siglo XII. Cuenta la historia de la
construcción de la Torre de Babel. Él dice que para construirla era necesario
hacer los ladrillos del barro, ponerle la paja, después llevarlos al horno y
cuando el ladrillo estaba hecho había que llevarlo arriba para la construcción
de la Torre. Cada ladrillo era un tesoro por todo el trabajo que tenía hacerlo,
cuando caía un ladrillo era una tragedia nacional, se castigaba al obrero, era
tan precioso un ladrillo que si caía era un drama, pero si caía un operario no
pasaba nada, a otra cosa. Esto pasa hoy, si las inversiones en los bancos caen,
tragedia, pero si la gente se muere de hambre, no tiene para comer, no tiene
salud, no pasa nada. Esta es la crisis de hoy. El testimonio de una iglesia
pobre para los pobres va contra esta mentalidad.
La cuarta pregunta: ¿Cómo ayudar a
nuestros hermanos que sufren la persecución por ser cristiano?
Para anunciar el
Evangelio son necesarias dos virtudes, el coraje y la paciencia. Ellos están en
la iglesia de la paciencia, sufren, son más mártires hoy que en los primeros
siglos de la iglesia, hermanos y hermanas nuestras, sufren.
Ellos llevan la Fe
hasta el martirio, pero el martirio no es un fracaso, es el grado más alto del
testimonio que nosotros debemos de dar. Tenemos que sufrir pequeños martirios
renunciando a algunas cosas. Aquella situación de Pakistán donde dan la vida
dando testimonio del amor de Jesús… Un cristiano debe tener esta virtud de
humildad, de mansedumbre, actitudes que tienen ellos confiándose en Jesús. ES
necesario precisar que muchas veces estos conflictos no tienen un origen
religioso, muchas veces son otras realidades de tipo social o político y
desgraciadamente las pertenencias religiosas vienen utilizada. Un cristiano
debe siempre saber responder al mal con el bien y esto es difícil. Nosotros
buscamos de hacerles sentir que estamos unidos a sus situaciones, que sabemos
que son cristianos que han entrado con paciencia. Yo les devuelvo la pregunta,
rezan por ellos, en la oración de todos los días, no quiero que alcen la mano
los que lo hagan, pero piénsenlo, piensen en la oración de todos los días le
decimos al Señor mira a este hermano, al que sufre tanto. Ellos hacen la
experiencia del límite, y esta experiencia nos debe llevar a promover la
libertad religiosa para todos. Cada hombre, cada mujer debe ser libre en su
confesión religiosa, cualquiera sea, porque aquel hombre y esa mujer son hijos
de Dios.
Así creo haber
respondido a vuestras preguntas, perdón si he estado muy largo.
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